miércoles, 1 de junio de 2016

La vecina

Hay una vecina en el área donde vivo que es un poco extraña. Desde hace poco, ocupa el apartamento de la esquina, con otra chica más o menos de su edad, pero un poco más delgada. La vecina se levanta temprano y mueve su carro de forma horizontal a su ventana, porque los papás de los niños del colegio de la esquina la levantan cuando, indebidamente, estacionan al lado de la misma y tiran las puertas de los carros mientras hablan sin parar: “Andrea Sofía, dejaste la lonchera dentro del carro” “Mira nene, te he dicho que no comas galletas en la guagua que me la ensucias”. Seguramente si hubiese sabido ese detalle, no se mudaba.

La vecina ha tenido problemas con el apartamento desde que llegó. La primera noche por poco la prende en fuego cuando la estufa tuvo un corto circuito mientras cocinaba. Se puso a gritar como loca, y al usar el extintor por poco se asfixia, pero logró controlar la situación, y eso que estudia “cocina”. La noche siguiente, para su pesar, estaba sola en el apartamento. La compañera de piso había salido a darse unas Medallitas con unos amigos en común, pero ella decidió quedarse. Justo antes de irse a dormir, hubo un tiroteo justo en la esquina, y eso, que se había mudado al “área buena de Rio Piedras”. Como no estaba acostumbrada a ese tipo de eventos, prendió la luz y se asomó a la ventana. Luego pensó que quizás la habían visto los del tiroteo, y la iban a matar por presentá. Estuvo una semana sin dormir. Hace como dos semanas, sin aparente razón, el fregadero explotó y el apartamento se le inundó. La vieron toda la noche exprimiendo toallas en el balcón y diciendo “Pero si a mí lo que me gustó fue el closet y la loza del piso”. Tan to lío por un "casi walk-in closet”.

Hace unos días la vecina llegó con un gato negro de ojos anaranjados, al que llama Maquiavelo. Aparenta ser su primer gato. Dice que en su casa siempre hubo perros, pero ella siempre quiso un gato y lo estaba intentando, pero la transición no ha sido fácil. El gato no la deja dormir. Dice que tiene como un motor por dentro prendido que nunca se apaga, y que se le acuesta en el cuello on el cabeza, y entre el calor y el ruido no sabe que hacer. Le acuerda a las turbinas de los aviones cuando trabajaba en el aeropuerto. Con todo y eso, la vecina aparenta estar loca con el gato. Tan loca, que lo saca a pasear con cadena, como si fuese un perro. Costumbre perruna pudiésemos decir.


Aparentaría que estoy pendiente a la vecina nueva, pero no. Lo que pasa es que la vecina nueva soy yo, y seguramente esto es lo que piensa la vecina del frente, que trabaja en las noches y también tiene un gato.    

jueves, 28 de abril de 2016

La Semana Santa

La Semana Santa en casa era sagrada, evidentemente. Esa semana, se iba a la iglesia todos los días. El Domingo de Ramos había que estar tempranito “pa’ agarrar el primer banco”. Después salíamos almorzar en Wendy’s, cuando tenía salad bar. Desde ese domingo por la noche, mami nos tenía viendo películas religiosas. “La vida de Jesús de Nazaret” “La vida de María Magdalena” “La Pasión de Cristo” “Ben Hur” y “Los diez Mandamientos” eran regular features todos los años. Las últimas dos porque salía Charlton Heston, y ese era el novio de mami hasta que salió con eso de apoyo a las armas de fuego y mami lo dejó, pero nos amanecíamos viendo películas. Era cuando único podíamos estar despiertos hasta la madrugada en todo el año legalmente. Los miércoles mami nos mandaba a barrer, mapear la casa y recoger los cuartos y el baño porque “ya mañana no se puede hacer nada hasta el sábado”. Ella estaba ese día en la cocina mondando viandas y desalando el bacalao para que no le saliera Jesús llorando sangre. El jueves había que ir al servicio a tomar la Santa Cena y para que el pastor nos lavara los pies. A mí nunca me lavaron los pies, porque era una nena, pero ya de grande tampoco porque lo quitaron. Ya el viernes había que ir a las 8am a la iglesia para el sermón de todos los años “Las 7 palabras”. Ese día era insufrible porque el sermón duraba como 2 horas. El pastor iba frase por frase, porque son frases y no palabras. Salíamos al mediodía, pa’ casa, porque las 3 de la tarde no te podían coger en la calle “A esa hora mataron a Jesús y después de las 3 no se puede hacer nada hasta el sábado”. A las 3 de la tarde, a mí me entraba el morbo y le empezaba a gritar a mami “lo mataron! Lo mataron!” pero no con este flow de pena, sino con eso con morbo. Aún después de grande, los viernes santos veo el reloj a las 3 y pienso “lo mataron…” con menos morbo, pero siempre me acuerdo. 

Ya el sábado la vida volvía a la normalidad mami nos volvía a poner a limpiar la casa. Ella usualmente hacía bisté o chuletas. Y papi ponía z93 a to’ jendel. Los anuncios del “Saaaabado de Gloria en el Palledium!!!” no paraban. Eso es otro recuerdo permanente en mi cabeza, porque siempre quise ir a los “Saaaaabado de Gloria” en el Palledium. El anuncio era tan vibrante, que yo necesitaba saber qué clase de parisongo era ese. Ya en la noche podíamos ver películas del mundo, pero hasta las 8 porque el domingo se madrugaba.
El domingo de la Pascua de Resurrección, mami me ponía un traje bien colorido, con un sobrero y cartera. Yo odiaba los sombreros y las carteras, y al final del sermón, ella salía con los dos enganchaos porque yo me los había quitado en medio del sermón. Había que estar a las 5:30am, porque ese día el sermón era a las 6, por eso de que las mujeres visitaron la tumba al amanecer y Cristo ya no estaba, había resucitado. La iglesia a la que íbamos en ese momento en Villa Carolina, tenía un montón de árboles. Era bien bonito llegar al amanecer y escuchar los pajaritos en un pariseo de canto. Mami decía que estaban contentos porque era Pascua de Resurrección.  Ese día era pesado levantarse, pero al final te daban desayuno, y esa era mi real motivación de ir a la iglesia ese domingo. Porque siendo honesta, a mi ir a la iglesia nunca me gusto, aunque lo estuve haciendo por 21 años: martes, viernes y domingos. Sí, porque muchos se creen que yo porque pienso como pienso hoy, no sé lo que es ir a la iglesia, o conocer las escrituras. Yo fui maestra de escuela bíblica en la iglesia de Villa Carolina, dirigía el culto ya a los 13 años, llegué a predicar, y fui presidenta de la Sociedad de Jóvenes muchas veces. Pero a mí lo que me gustaba eran las giras, los viajes que hicimos fuera de PR y las actividades de la sociedad, porque era lo más cercano al mundo que iba a tener, y yo en el fondo, siempre fui del mundo. Así que el desayuno era la mejor oferta para yo madrugar e ir a la iglesia a las 6 de la mañana.

Después del servicio y el desayuno, a los cuales mis hermanos iban por lo mismo (ellos tardaron menos en salirse del mundo religioso), teníamos carta libre para ir a donde quisiéramos. Recuerdo que la primera vez que fui a El Yunque fue un Domingo de Pascuas hace unos…tantos años. Fuimos mis hermanos, unos amigos de ellos y yo. No se me olvida ese día jamás, porque Fernando no quería que yo fuera porque había que caminar mucho, y él no me iba a cargar. Yo le dije que no me iba a cargar, que yo podía. No solo terminó cargándome, sino que en un momento me fui más adelante, y él, Ferdin y los panas se escondieron en los arbustos para que yo pensara que me había perdido. Me dieron el susto de mi vida. Empecé a llamar a mami y a llorar, y ahí salieron ellos gritándome y diciéndome que si me perdía mami no me iba a salvar. Linda manera de terminar la Semana Mayor.
Hoy no fui a la iglesia, tampoco al Yunque o a la playa. Me levanté al mediodía como siempre, me fumé un cigarrillo y me puse hacer mi almuerzo para el trabajo. Hace años que no voy a la iglesia. No practico ninguna religión como tal. Creo en muchas cosas que la gente no cree, como la reencarnación, y realmente no me importa. Cada cual brega con su espiritualidad como quiera. Yo solo trato de portarme lo mejor posible, para que se porten igual. El karma te las juega. Lo que si es que usted jamás de los jamases, me va a ver un jueves o viernes santo pelando viandas, y me va a escuchar todo el Sábado de Gloria decir: “Saaaabado de Gloria en el Palledium!!!!”




Ahora mami le ha dado que quiere ir a España en Semana Santa, porque “Ahí si celebran la Semana Santa como se celebraba antes. Yo iba a la procesión de San Vicente. Iban por todo el barrio con una virgen vestida de negro. Mami me daba chavos para comprarme la ropa de Semana Santa en Franklin’s. La mitad era de luto, claro. Esa semana no se podía hacer nada. No se podía correr, jugar. Había que confesarse. Yo iba donde el Padre Domeño porque Padre Mari Juan te pasaba por la piedra. A tu tía Amarilis la pasaban siempre por la piedra. A mí me daban 3 Aves Marías y 2 Padres Nuestro, pero a ella la mandaban a llorar frente a la estatua del Cristo muerto”  

viernes, 15 de enero de 2016

Mi hermano Fernando

Cuando yo nací, mi hermano Fernando me llevaba 9 años. Según cuenta la leyenda, Fernando me dejó caer de la cama cuando era chiquita. Quizás pude haberlo soñado, pero mi cabeza es como rarita, tengo dos chichoncitos bien nice y pudiese explicar muchas cosas. Fernando siempre me estaba velando cuando yo era chiquita, tenía esa protección paternal conmigo que aún no se le quita.
A Fernando siempre le gustaron los animales, y su sueño era ser veterinario. Así fue como llegó Tuca a casa. Tuca era una perra sata que teníamos porque una tarde llegamos a casa y estaba en el balcón agolpiada. Mami le dijo que ella no quería animales en casa, que no la curara ni le diera comida. Pero Fernando no hizo caso. La curó, le dio comida, y la perra se quedó. Ha sido de las perras más decentes y leales, según mami, que hemos tenido en la casa. Que mucho la lloraron cuando murió.
Fernando era mi guardián en la escuela, así que recibía todas las quejas de mis maestras, para después pasar informe en casa. Cuenta que Tuti, la maestra de kínder, me entregaba todas las tardes a lágrima viva, y que él estaba en 7mo grado, y era bastante tedioso tener que bregar con la maestra llorando. Aparentemente, yo no era fácil. Todas las tardes, cuando salíamos de Sagrado, comenzábamos la peregrinación por Santurce para llegar a casa de abuela Paulina a esperar a papi. Allí me ponía hacer las asignaciones. No saben las horas de lucha que teníamos porque yo quería ver ALF, y él quería que me pusiera a estudiar de los Fenicios y Mesopotamia.

Fernando estaba en todos los clubes habidos y por haber de la escuela. Contrario a mí, todas las maestras lo adoraban. Siempre me sentía mal de que él estuviese en el cuadro de honor, en el Honor Society, y yo en el cuadro de horror, pero es que yo era un espíritu libre.

Fernando se fue a estudiar a Mayagüez a los 17, y yo vi el cielo abierto porque entonces me podía portar como me diera la gana y las maestras no iban a poder darle quejas a nadie. Pero fue peor, la información llegaba a casa por línea directa, así que hubo más bofetones y castigos. Ahora que lo pienso, quizás no pasaba la información completa en casa, y me libraba de penurias sin yo saberlo.
Cuando se fue a Mayagüez, comenzó a trabajar en el zoológico. Así fue cómo llegamos a tener un mono chimpancé los wikenes en casa. Cuento breve: El mono fue un gemelo, y su mamá no lo quiso a él, sino a su hermana, y los voluntarios del zoológico lo criaron entre ellos. A Manix, así se llamaba el mono, le teníamos y terror mami y yo. Y el mono lo sabía. Se pasaba todo el wikén corriéndonos por la casa y tirándonos a morder. Muchas veces mami se orinó del miedo corriendo para huirle. Uno de esos wikenes, el mono se fue corriendo detrás de mí. Pensé que si subía la verja iba a poder escapar de él. Pero mono al fin, se subió detrás de mí, y después yo no podía bajar. Yo empecé a gritar como demente, y Fernando vino a bajar al mono, que ya me había medio mordido un dedo en el jaleo de escaparle.

Después de Mayagüez, Fernando se fue a Colorado, y las visitas a casa fueron más esporádicas. Todo el mundo siempre me preguntaba por “tu hermano el veterinario”, y yo solo sabía que estaba “por allá fuera”. La comunicación se hizo más distante. Yo entré a la adolescencia, y fue terrible. Me la montaban tanto en la escuela. En el verano de 7mo a 8vo grado, Fernando vino de vacaciones. En san Vicente me molestaban mucho por la peluera en las piernas y el bigotito. Yo se lo conté a él, y que ahora volvía a Sagrado, y que entonces me la iban a montar más. Entonces fue a Walgreens y me compró un bleach y una crema depiladora. Llegué nueva a Sagrado. Siempre le agradecía eso, eran dos cosas por las que no podían bulliarme. Claro, después lo menos que pasó es que me bleache mechones en el pelo, y mami quería matarme.

Fernando siempre se molestaba porque en la escuela no salía bien. Era una estudiante promedio, y él decía que yo era lo suficientemente inteligente como para pasarle el rolo a Mariné y a todas las nenas del cuadro de honor, pero que no me daba la gana. Fui estudiante de maestras que le dieron clases, y siempre andaban con el cuento que debía ser más como Fernando. Así que en un momento de mi vida, Fernando fue el antagónico. Siempre andaban comparándome con él, y lo detestaba. Yo le decía a mami que es que él era su favorito. Pero todos los hijos siempre decimos que los papás quieren a un hijo más que el otro. Y es cierto, eso no me lo quita nadie de la cabeza.

Fernando me regalaba las tarjetas de cumpleaños más graciosas, y siempre llegaban acompañadas de algún cupón de comida de algún lugar que no había aquí.

Fernando me llevó a Italia. Yo no tenía idea de porque, pues realmente hubo un tiempo en que dejamos de hablarnos. Yo no sabía mucho de lo que él hacía, y no preguntaba. Él estaba allá afuera y esa era toda la referencia que daba cuando preguntaban por él. Pero me llamó un día y me dijo que íbamos a Italia, y que él me lo pagaba todo. Era una oportunidad única, así que le dije que sí. Pasé dos semanas maravillosas con Fernando. Fuimos a Nápoles, donde aprendimos sobre los prefix menus, de que no puedes pedir una pizza sopresa, porque viene con berenjena (que no cómo) y un pelo. Vimos las prostitutas competir por que tipo se las iba a llevar, las ruinas de Pompeya, y a los gitanos pidiendo dinero en el tren para “il bambino”. Después fuimos a Florencia, donde vi a El David de Miguel Ángel (que by the way, ese dude está súper grande!!), la Galería de Uffizi, el Duomo, la tumba de Maquiavelo, me dejó perderme un día por la ciudad, y terminé con un recorte de lo más nice, le compramos gafas pirateadas a los ilegales antes de que salieran corriendo, nos paseamos por el Ponte Vecchio y me levantaba 5 minutos antes de que se acabara el desayuno para que la que organizaba el comedor se molestara porque ya ella había limpiado. En Florencia compré mi bandera del arco iris gigante, con la palabra “Pace”, a escondidas, sin saber que mi hermano era el menos que me iba a juzgar por mi homosexualidad. Después fuimos a Perugia, una ciudad así estilo medieval. Fue mi lugar favorito de Italia, quizás por la historia, y porque en las calles, aún hay colgadores de personas de la época medieval, para enganchar a los pillos y violadores de la ley y que la gente los linchara. Y fuimos a Roma, donde nos acordamos mucho de las clases de Humanidades de Mrs. Ortiz, llegamos “too early” a cenar, probé lo que es una verdadera pasta carbonara y saltimboca alla romana, fuimos a la Capilla Sixtina, y a El Vaticano y tratamos de llamar a Benedicto XVI diciendo “Benny!!”, pero él nunca salió a vernos (creo que se olía que éramos budistas/metafísicos). Nos tiramos fotos bien chulas y graciosas. En Roma, caminado por el Arco di Tito, dos días antes de regresar cada uno a su casa, le dije que era lesbiana. Desde ese día, mi relación con Fernando mejoró. Creo que creamos nuevamente la complicidad que habíamos perdido.
Después de ese viaje, Fernando y yo comenzamos hablar más. Él estaba viviendo en Washington, y cada vez que me peleaba con mi ex de esa época, caía en su casa a pasar el coraje y el dolor. También cuando decidí volver a estudiar, me apoyó totalmente. Estaba tan orgulloso de que al fin hubiese encontrado mi camino educativo. Vino a mi graduación, y pasamos una semana magnifica junto a mi otro hermano Ferdinand.

Fernando es un foodie, y cada vez que nos vemos, nos vamos a comer y a beber. Siempre que voy a comer con él, la cena es memorable. Para la semana de mi graduación, la meta era encontrar el mejor Mojito del área metropolitana. Nos dimos bastantes, y todos estuvieron buenos, pero el de la Atlántica fue el mejor. Hands down.

Fernando me llama al menos una vez a la semana, para que le cuente de mis aventuras universitarias, o del trabajo, o de la vida. Siempre me deja unos voicemails espectaculares. Sus mensajes de texto no se quedan cortos. De vez en cuando me hace bromas que me creo. Hace unas semanas, después de contarle de mi historia con las cajas de dientes de abuela, me dijo que él había donado su médula ósea en Mayagüez, y que había donado sus dientes para poder sostenerse mientras estudiaba y por eso tenía cajas como abuela, y que no se notaban. Yo me quedé en shock. Yo no recordaba que en casa tuviéramos problemas económicos como para que el hiciera eso. No me atrevía preguntarle a mami, porque no sabía si me lo había dicho en confidencialidad. Pero a los días le pregunté. Mami me dijo que me la estaba montando, que a Fernando nunca le faltó nada en Mayagüez, y que si no me acordaba de eso. Yo lo llamé y le dije que yo estaba bien preocupada por sus dientes para nada, que era un payaso, pero muerta de la risa.

Fernando fue a verme a mi primera ponencia en un congreso. Eso me alivió mucho el miedo que tenía. Llegó temprano, me llevó de brunch, me imprimió la ponencia porque yo no tenía impresora y en el hotel me salí en casi $5 6 páginas. Tuvimos una seria conversación/orientación sobre mi futuro académico, sobre futuros planes de trabajo. Después nos llevó a las nenas y a mí a un mini tour del zoológico, a pasear por la ciudad y a comer en tremendo restaurante. Estuvimos horas riéndonos con las historias de nosotros y las de mis amigas. Ahí fue que descubrí lo terrible y zahorí que realmente era de pequeña.

Cuando llegué a Puerto Rico, me mandó un mensaje diciéndome que le había pasado muy bien conmigo y mis amigas. Que era el mejor grupo de amigas que me había conocido en toda la vida. Ellas también quedaron locas con él.


Hace poco fue que descubrí lo que realmente hace mi hermano Fernando como profesión. Yo siempre pensé que él era un agente de la CIA o el FBI. Cada vez que alguien me dice “Mi hermano es esto, y hace aquello”, yo les digo “Ajá? Pues mi hermano Fernando tiene un trabajo bien melaza. Tan melaza que no te voy a decir lo que es, porque es confidencial, y si te digo te tengo que matar”. Fernando y yo nos parecemos mucho, tanto que si nos tiran una foto de la nariz hacia arriba, no van a saber cual es cuál, excepto por las canas de él.

Aquí estamos frente a casa, cuando aún papi no lo ponía a virar cemento los fines de semana.

Esto claramente evidencia la distancia que hubo, un hermano que te quiere
no te deja tener ese hair-do jamás.

El día de mi graduación de la UNE, me llevo a la Placita a beber.
Yo terminé sentada en los Aguacates de Sila.






sábado, 15 de agosto de 2015

Es que a mi me gusta escribir...

A mí siempre me ha gustado escribir. En Sagrado, siempre había actividades que nos estimulaban la creatividad. Ya fuese en la Semana de la Lengua Española, el English Carnival (uno de mis días favoritos) o la Semana del Descubrimiento. Las competencias de oratoria, de Spelling Bee (mano, en eso yo estaba dura), de dibujos. Esas eran las cosas que a mi si me motivaban en la escuela. Yo realmente no tenía ningún interés en el material educativo como tal. Me aburrían. Pero esas actividades, que tenías que salirte de la normativa, de la caja, esos eran los momentos en que yo me fajaba y brillaba alguito.  

No es por lucirme, pero siempre andaba ganándome libros por cuentos que escribía para estas semanas, y casi siempre todo el mundo se sorprendía. Es que yo jodía con ganas. Era bien bien inquieta, así que asumo que la gente pensaba que yo no podía hacer otra cosa que hablar o correr por la escuela.

En Kinder, para la Semana del Descubrimiento, no pusieron a inventarnos un cuento. Como no podíamos escribir como tal, Tuti (la maestra) nos grabó los cuentos en un cassette y los sometió así. Recuerdo que nos premiaron en la cancha, tempranito en la mañana. Cuando llamaron a los niños de Kinder, anunciaron a Lizzie, Javier Castillo y a mí. Yo estaba tan asombrada como el resto de las personas. Me habían regalado un libro. Mi primer libro: Federico se hizo pis. Era de este niño que comenzaba la escuela, y que estaba muy nervioso y se orinó en el salón. Me parecía increíble que no solo me habían regalado un libro, sino que también era un libro cochino, porque el nene se había orinado, y eso me encantó. No miento si les digo que leí Federico se hizo pis unas 100  veces. Aún lo conservo, en una de esos baúles de recuerdos que tiene mami en casa.

Mami guardaba todas las cosas creativas que yo hacía, y aún tiene muchas.
Su orgullo mayor fue un cuento que hice para la Semana del Descubrimiento en 4to grado. El cuento, evidentemente, lo tiene guardado y de vez en cuando me recuerda “ese cuento que tu escribiste del indio Yuca Buena”.

Resulta que nos mandaron a escribir un cuento cualquier tema que tuviese que ver con nuestra cultura. Yo decidí hacer un cuento sobre una familia de indios taínos que habían logrado sobrevivir todos estos años en un pequeño pueblo escondido es Puerto Rico, y son encontrados por casualidad por unos niños modernos. El cacique se llamaba YucaBuena, y es quién lleva a estos niños por toda la aldea enseñándole los artefactos que ellos utilizaban. Cuando Miss Santa Rosa nos mandó a escribir, yo escribí, y escribí y escribí. La clase ya se estaba acabando, y todos los niños habían entregado menos yo. Ella ya estaba media desesperada porque no me tenía nada de paciencia. Nada. Ni ella ni Miss López de 2do tuvieron paciencia conmigo. Es más, ya en 4to año, cuando era del Fire Drill y me tocaba pasar por 2do a explicarles a los nenes que hacer o a dirigir el Fire Drill, siempre me miraba mal. Y esto no me lo estoy inventando. Esa señora no podía verme ni en pintura. El 4to grado me lo pasé al frente, sola en mi pupitre, porque “ella es muy inquieta y me descontrola el grupo”.

Cuando terminé el cuento, le entregué 7 páginas. Yo asumo a estas alturas, que un cuento de 7 páginas, escrito por la niña más inquieta del salón, era algo inconcebible. Ella estaba bastante asombrada de que yo le hubiese entregado 7 páginas. Es más, Mariné, que era la niña modelo, el ejemplo a seguir, no había hecho mas que cuatro. Yo solo le dije “es que a mí me gusta escribir”. Realmente ella no sabía nada de mí, y tampoco creo que tuviese interés alguno en saber nada de mí. Como les digo, siempre me tuvo sola en el salón.

Los cuentos no los premiaban los maestros de uno (gracias a los dioses del Olimpo), sino que había un comité que evaluaba los escritos, y había que usar un seudónimo.
El día de la premiación, comenzaron a llamar, por orden, de tercer a primer lugar. No recuerdo quienes ganaron el segundo y el tercer lugar. Solo sé que cuando dijeron “Primer lugar: Lyrsa Torres” a mí me dio una alegría indescriptible. Primer lugar! Primer lugar! Antes que Mariné, que Yeisa, que todos los niños de los cuales me tenían sentada aparte, porque yo los dañaba. Yo fui y recogí mi premio. Era un libro sobre historia para niños de 8-10 años.

Al final del día, nos devolvieron los cuentos y yo se lo llevé a mami. Mami tampoco me tenía mucha paciencia, pero a ella sí que no le quedaba remedio y tenía que bregar conmigo. Se lo entregué con el cuento y me preguntó “Que es esto?” “Pues mija, un libro y un cuento. Que Miss Santa Rosa nos mandó a escribir un cuento por la Semana del Descubrimiento y hoy dieron los premios y me lo gané. Primer lugar”. Mami se quedó pasmada. Ella sabía que yo era creativa, pero siempre estuvo cuestionándomela. “Pero…primer lugar? Antes que Mariné?” “Que sí! Que ella no ganó nada. Que fui yo. Yo creo que ella escribió como 4 páginas. Yo hice 7. Ves? 7 páginas. Y me gané eso. Me llamaron delante de toda la escuela”. “Pero, esto te lo dio Miss Santa Rosa?” “Claaaro que no! Tú sabes que ella a mí no me quiere. Eso fue otros maestros, y no tiene mi nombre. Tiene uno de esos nombres que le dicen seudónimo. Tú sabes lo que es eso? Es un nombre que no es tu nombre, así que no saben que realmente lo escribió quién lo escribió. Yo creo que también por eso gané, porque nadie sabía que yo era yo”. Mami leyó el cuento y me preguntó que de donde había sacado esa historia. Le dije que de mi cabeza. Me preguntó que si todo todo lo había escrito yo. Que como había escrito tanto. Le dije lo mismo que a Miss Santa Rosa “mami, es que a mí me gusta escribir”.

Al otro día mami fue a la escuela hablar con la maestra. Ella pensaba que yo me había llevado el libro de algún lado y que todo era una mentira. Miss Santa Rosa le dijo que si, que efectivamente yo había llegado primer lugar. Que me había ganado el libro. Que los había escogido un comité (asumo que como que diciéndole que ella no había tenido nada que ver ahí). Mami se fue bien contenta. Tuvo el cuento dos semanas en la cartera, y cada vez que tenía break. Lo sacaba y me hacía leérselo en voz alta.

Después de eso, mami me puso en cuanta cosa creativa había los sábados por ahí para mí. Ballet (que lo odiaba porque tenía que madrugar, y prefería bailar jazz que ballet), modelaje (es evidente que estas clases NO funcionaron a cabalidad), clases de dibujo, de pintura, Girls Scouts; porque lo académico nunca fue mi motivación. Le tenía tanto repelillo a la escuela, que mami me ve ahora estudiando, leyendo, hablando súper motivada de mis clases y me dice “de cuando acá tú eres así de aplicada?”

Todavía tiene ese cuento en mi caja de “cosas de la escuela de Lyrsa”. En esa caja esta también el comic de Beowulf que hice en cuarto año, la pascua con tela de saco y escarcha de 2do grado. Los angelitos de cerámica que pinté en Guatibirí, mis libretas de Estudios Sociales porque siempre fueron las más limpias y organizadas y las cintas de “Participación” de los Field Days. En eso nunca fui buena, en los deportes. Ni halando la soga que era en corillo.


Hace como 3 años, tuve que coger inglés en la UNE. Me pusieron en inglés avanzado. Yo estaba súper motivada porque pensé que volvería a leer los clásicos: Shakespeare, las hermanas Bronte, Poe…pero no. La profesora era más o menos contemporánea conmigo. Pensé que podíamos clickear porque ella había estudiado sicología en la UPR y su hermana antropología. Pero no fue así. El segundo día nos mandó a leer “Thank you ma’am”. Cuando nos entregó la lectura y la vi, levanté la mano y le dije “excuse me, I read this on the 9th grade” y me dijo “well, read it again”. En ese momento sabía que no había chance, esta era otra Miss Santa Rosa. En las clases subsiguientes, nos mandaba a escribir cosas. Un cuento, un discurso homenajeando a alguien. Siempre decía que escribiéramos dos párrafos o tres. Pero yo nunca le hice caso. Siempre escribía 2 o 3 páginas. Había siempre que leerlo frente a la clase. Siempre ponía cara cuando yo me paraba a leer lo mío. Siempre eran cosas bastante graciosas. El día que había que homenajear a alguien que admiráramos, yo hice un discurso cómico homenajeando a Will Ferrell. Todo el mundo estaba muerto de la risa, menos ella. Al final me dijo “You seem to like comedy”. Yo quería contestarle “No shit!”, pero le dije que “I just like to write”. Pasaron los años, y un cuento que escribí para la clase de “español avanzado” que tomaba justo cuando tomaba ese inglés, y en la cual teníamos que escribir todo el tiempo, va a ser publicado en una revista próximamente. Me gustaría encontrármela y contárselo, para después decirle "Es que a mí siempre me ha gustado escribir”. 

Esta soy yo en 4to grado, para la iniciació de Las Hijas de María. No me veo muy creativa, tampoco me gustaban las fotos (lo ven en mi cara...de hecho ese día lloré porque mis compañeras me dijeron que yo era fea...for real).

En esta estamos Melanie, Yo, Nana y Mariné en el Field Day de Kinder. Como pueden ver, todas están forradas de cintas...yo no tengo na. Evidencia que los deportes no eran lo mío. Es mas, mami siempre me preguntó por qué yo me ponía a participar si nunca ganaba nada. Yo le decía "para tu colección de Cintas de Participación".


martes, 28 de julio de 2015

Abuela Carmita y su corned beef frito con cebollas...

Todo el mundo piensa que yo me parezco mucho a mami, pero realmente a quién me parezco es abuela Carmita, la mamá de papi. Quizás no en el físico, pero estos bracitos son “pura Carmita” según mami.
Abuela era todo un personaje, como yo. Carmen María Eugenia Morales Roldán, nació un 16 de junio de 1917, en Cayey, la tierra de Wisin y Yandel, algo que le daría una vergüenza terrible. Siempre me contaba cuando venía un huracán, fenómeno atmosférico que ella adoraba, que cuando ella era pequeña y vino San Felipe, veía desde la casita de madera en que vivía, como el huracán se llevaba volando sus únicas dos muñecas de trapo. Me contaba esta historia con una fascinación, y yo solo pensaba en muñecas volando y enredándose en los árboles.
Cuando era pequeña, abuela vivía en la casa de Valencia, y era quién me cuidaba. La rutina era que papi y mami me dejaban al amanecer de Dios allí, y después al caer la tarde pasaban a buscarme. Durante la mañana, abuela me daba café, algo que era totalmente innecesario cuando uno tiene 3 años. También me daba buches de arroz crudo, para que fortaleciera los dientes. No sé de donde ella sacó esa idea loca, pero por muchos años, me echaba buches de arroz crudo en la boca porque abuela me los daba y para mí, eso era bastante normal.
Abuela jugaba conmigo a las mamás. Ella era la hija, y me decía que se quería ir a jugar a la calle e ir a la playa. Yo, aparentemente de toda la vida, le tenía miedo a la playa y al mar, y le decía que se fuera sola, pero que si se ahogaba no era mi problema.
Abuela tenía un semi pretendiente en la urbanización, Don Alberto. Don Alberto pasaba todas las mañanas a saludarla, y me daba 30 chavos para comprar dulces en Nenuco. Nenuco realmente se llamaba Aníbal, pero por alguna razón, abuela le puso Nenuco, y se quedó así. Ella como yo, o Michael Scott, siempre buscaba un sobrenombre para poder identificar a la gente. Nenuco, el Ñamecito, la Salchichita, y por ahí seguía. Don Alberto tenía un tick en el brazo después de un derrame que le dio. Yo le preguntaba a ella si Don Alberto era su novio, y me decía que si se iba a buscar un novio, se buscaba uno que pudiese con ella, y estuviese en mejores condiciones físicas. Abuela era brava!
Abuela tenía un gran parecido con Lolita Lebrón, pero era más penepé que Ferré, así que decirle que se parecía a Lolita era un insulto de gran escala. Penepé y Testigo de Jehová.
Sus frases eran “Eso está de los más cinco y diez”, “Ay madre del verbo” y “ay Jehová”.
Abuela me llevaba con ella hacer compra al Conchita, que ahora es un Plaza Loiza, ahí en la Barbosa. Ibamos con un carrito de compra de esos de viejita que ella tenía. En la ida, me llevaba dentro del carrito, pero ya a la vuelta, tenía que venir caminando. Claro, que de regreso siempre parábamos en Las Babitas a comer pollo. Las Babitas era un chinchorro que vendían cajitas de pollo con papas. Abu le decía Las Babitas porque y que las papas eran mongas y parecían babas.
Abuela comía cerdo todos los días, esa fue una de las razones para su gordura. Tenía unos brazos bien bien mulliditos, y les colgaba el chichito, que yo me pasaba jugando con él y a ella le molestaba. Yo le decía “ay abuela, es que tú tienes los bracitos tan gorditos y blanditos que a mí me gusta apretarlos y jugar con ellos” a lo que ella me decía “mira nena, yo no soy muñeca para que juegues conmigo, y menos con  mis brazos”. Ahora, que he heredado sus bracitos mulliditos, odio que me vengan a jugar con el bracito y el chichito.
La cuestión del cerdo era un problema para nosotros. En casa eran adventistas, y le tenían terminantemente prohibido darnos chuletas, jamón, tocineta, o cualquier derivado del cerdo. Pero abuela no hacía caso. Nos hacía unas chuletas fritas más buenas! Cuando mami llegaba en la tarde, me preguntaba que había comido. Siempre le decía “chuletas”, aunque fuera mentira, solo por verla ponerse histérica con que íbamos a ir al infierno.
Abuela, luego de muchos muchos años, se encontró con Angélico, que fue su primer novio según cuenta la leyenda. Le pidió matrimonio, ella dijo que si, y se casaron en la casa de Valencia. Yo tenía 4 años, y me iban a matricular en Lourdes, pero como abuela se mudaba para Cupey, me pusieron en Sagrado, con mis hermanos. Creo que fue lo mejor. Yo no me imagino siendo yo, y no haber estudiado en Sagrado.
Recuerdo la primera vez que fui a la casa de Cupey. Estaba completamente anonadada, porque Angélico, en la pared de su oficina, tenía un cuadro de una mujer vestida con un traje de luces de torero, y con una teta por fuera. Me paré frente al cuadro junto a papi, agarrándole la mano y le dije “Papi, que tu vez en el cuadro?” y me dijo “Pues mama, yo estoy viendo el traje de la torera”. Yo le contesté bien segura “Pues yo le estoy viendo la teta. Tu no la vez? Por qué Angélico tiene una mujer con la teta por fuera en su oficina?” Papi como siempre, no supo que responder, y le pegó un grito a mami. Cada vez que iba a la casa de Cupey, tenía que ir a la oficina y mirar el cuadro.  
Ahora que abuela era una señora casada, todo cambiaba. Ya no me quedaba tanto con ella, así que cuando lo hacía eran los mejores wikenes del mundo. Me llevaban a Buchannan hacer compra los sábados, porque Angélico fue mayor del ejército. Después de hacer compra, me llevaban a Toyland, a comprar Barbies. Yo quería Hot Wheels, pero abuela no tranzaba. Si no eran Barbies, muñecas, pero nunca carritos. Eso era de mari-macha. También me llevaban a comer al Ballroom.
Abuela me hacía darle sobos con alcoholado en los tobillos, y me dejaba peinarla. También me hacía la corned beef más rica del mundo. Ella le ponía un poco de aceita al sartén, le echaba cebollitas y sofreía la carne. No le echaba salsa, ni papitas, ni vegetales. La carne pelá, con cebollitas. No suena apetecible, pero a mí me encantaba. Con arroz pegao’. Después que murió, nunca más he podido comer corned beef, ni haciéndola como ella.
Abuela me regaló de navidad una muñeca negra. Le pusimos Bizcochita. Abuela me dio un bofetón cuando yo tenía como 10 años, porque no me quería bañar, me quería quedar jugando con los nenes y los Hot Wheels que me había prestado. Me dijo que eso estaba feo, y yo le dije que no. Y que no me iba a bañar na’.  No se me olvida ese bofetón. 23 años después, sigo sobándome el cachete.
Abuela no quería que yo jugara con Mariví, porque jugábamos basketball y pensaba que “la hija del cubano” era mala influencia, sin entender que era yo. También cuando pasaba mucho tiempo que no la llamaba, cuando hablábamos me decía “Muchacha, tanto tiempo! Como te fue en tu viaje por el África?” Abuela era bold, loud y su sentido del humor era tan negro o más que el mío.
Abuela tuvo problemas con la rodilla. El sobrepeso fue devastador para ellas. La operaron, pero no pudo recuperarse bien. De ahí surgieron miles de complicaciones. El fin de semana que murió, yo me quedé en casa de una amiga porque había un party, y no pensaba que jamás la iba a volver a ver. Ese lunes me llamaron a casa, a decirme la noticia. Estaba sola. No sabía qué hacer. Lloré, sola, y bastante. Pude haberla ido a ver, pero el party pudo más. Durante todo el velatorio me mantuve fuera de la capilla, con la excusa de que estaba velando a los primos más pequeños. Pero simplemente no quería verla ahí. Cuando salimos al cementerio, internalicé que that was it, porque a mi primo Abel le dio un ataque, de lo que hoy entiendo que fue de pánico, y la realidad me dio. Que ya no la iba a ver más. Comencé a llorar. No paré hasta llegar al cementerio. No me bajé del carro. Nunca he ido a la tumba.

Después de unos meses, encontré un baúl en el cuarto de los tereques en casa. Le pregunté a mami que era. Las cosas de tu abuela. Las vamos a repartir en unas semanas. Esa tarde papi y mami salieron hacer cosas. Estaba sola. Era el momento de abrir el baúl y ver que había ahí. Encontré documentos, fotos, sus abanicos, prendedores, sortijas (incluyendo la que me había prometido. Su sortija de graduación. Era su orgullo, porque después de adulta había vuelto a la escuela y se había logrado graduar. Yo le había dicho toda la vida que quería esa sortija, y me dijo que no me la podía dar porque tenía los dedos tan gorditos, que la sortija no salía. Cuando entró al hospital rebajó mucho, y la sortija pudo ser liberada) y una cartera de guardar gafas. Abuela siempre tuvo gafas fabulosas. Me encantaba ponérmelas con los collares de perlas que tenía en el joyero en forma de pagoda que yo heredé. Abrí esa cartera de gafas, pero no había gafas. En cambio, había dos bollitos de papel de servilleta. Los abrí poco a poco, pensando que eran unas pantallas valiosas y que había que tratarlas con cuidado, o algo que requería cuidado por todas las capa de papel que lo envolvían. Cuando por fin llegué a la última servilleta, descubrí que no eran prendas, ni nada parecido. Era la caja de dientes de abuela. Di un grito salvaje del susto. No porque había encontrado una caja de dientes, sino porque nunca me pasó por la mente que abuela usara cajas. Nunca la vi quitarse la caja de dientes, ni ponérsela, ni lavarlas. Aunque si había visto las de Angélico. Esa fue la última broma que me gastó abuela, desde el más allá. 

Ya no recuerdo su voz, pero si sus chistes. De vez en cuando yo le digo a la gente, que se ven "de los mas 5 y 10", pero nadie entiende. 


Abuela y yo, una navidad en casa de tio Frank. 
Con sus collares, los espejuelotes y su sortija de graduación.
Aún conservo ese abrguito que tengo en la foto. Cuando lo veo, recuerdo a abuela.  

Autobiografía (2011)

Lyrsa María nace en Santurce en el 1981. Es la tercera de sus hermanos, siendo la única niña y con una diferencia de 9 y 13 años entre ellos. Creció entre adultos, libros, la locura culinaria de su padre, los regaños constantes de su madre, y las artes. Comenzó a hacer sus pininos culinarios a los 7 años, tratando de hacer unos pancakes de desayuno, que a pesar de que se le quemaron, su padre se los comió con mucho halago. A partir de ese momento nació una curiosidad por lo que ocurría en ese pasillo largo de la casa, y decidió salir muy pocas veces de él, y las que lo hizo, no daba pie con bola. A los 11 años ya cocinaba para la familia, y adquirió el derecho de quedarse sola el verano en casa, así evitando los malos almuerzos de los campamentos de verano. A esta edad comenzó a engordar, porque todo lo que hacía se lo quería comer, pero era una gordita feliz. A los 13 años ingresa a las Niñas Escuchas, que la lleva a descubrir cómo hacer un desayuno en una lata de galletas Export Soda y bistec. Durante su adolescencia se dedicó a inventar, tanto en la cocina, como en el arte y la literatura. Ya en la escuela superior hacia pequeñas cenas para sus compañeros de clases, lo cual creó el Club Gastronómico de La Pandilla, que se reunía en Hato Rey, en el apartamento de su mejor amiga Verónica, para disfrutar de paltos desconocidos y ver películas B. Al llegar a cuarto año, influenciada por amistades, decide solicitar a la Escuela de Drama de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Rio Piedras, al cual es aceptada con el agrado de su madre, porque pensaba que no iba a poder entrar ni si quiera a Generales por esta cocinando o escribiendo, y con la pena de mi padre porque la nena iba a ser actriz. Al entrar a esta nueva etapa utiliza sus dotes culinarios para saciar el hambre de compañeros de estudio durante largas horas de finales, o para bajar las borracheras de los jueves pre sociales en El Refugio. Obtiene su primer trabajo formal como secretaria legal en un bufete de abogados, sin tener la más mínima idea de lo que es una minuta o un sello de Colecturía. Esta un año en él, haciendo sus almuerzo a diario ante la envidia de su jefa que no podía ni freír un huevo, por más que Lyrsa trato de enseñarle cuando le hacia babysitting a sus nenes. Luego de esto consigue trabajo en Iberia, Líneas Aéreas de España, la cual la lleva a viajar a lugares solo vistos por ella en libros y películas y a disfrutar de la cocina internacional. Su hermano Fernando viene de vacaciones a Puerto Rico, con amistades de Etiopía e Irán, las cuales hacen una cena y Lyrsa descubre la comida árabe y etíope, de la cual queda fascinada. Comienza a darse cuenta que el drama es un arte hermoso, de mucho sentimiento, pero que ella no podía con eso de pararse frente a la gente y hablar. Aconsejada por su profesora de Historia, decide intentar la Antropología, ya que “esto de la historia se te da bien, te gusta leer, y pienso que serias buena”. Se cambia a la Facultad de Ciencias Sociales. Comienza a perder peso, pues entiende que puede comer de todo sin ser una afrentá. En su primer viaje a Madrid descubre las tapas, siendo los pinchitos de cordero de La Cueva del Secreto, junto a la sangría, su tapa favorita. También prueba los Kebabs del Bósforos, en la parada de Lista, Línea 4, y no le gustan, le caen mal. Hace varias amistades en el aeropuerto que disfrutan de las artes gastronómicas como ella, y comienza a visitar diferentes restaurantes en la isla. Hace su primer viaje a Italia en el 2005. Visita Nápoles, Florencia, Perugia y Roma. En Nápoles descubre que nunca debe pedir una pizza “Sorpresa”, ya que tiene lo que el chef quiera, incluyendo berenjena, que no come, y un pelo. También que en Italia se come: Antipasti, Primi y Secondi. En Florencia descubre el Prefix menus para los turistas, lo cual les permite pedir, a ella y a sus compañeros de viaje, varios platos por bajo costo y diferentes gamas de sabores. De Perugia conoció la pizza de patatas y en Roma que cerca de los sitios turísticos no se come, que ir a cenar a las 7 de la noche es muy temprano, el Saltimbocca a la Romana, que la salsa carbonara lleva huevo y el café expresso. Decide buscar una nueva oportunidad de empleo, y es contratada en Continental Airlines. Es aquí cuando en un Acción de Gracias hace su primer pavo para sus amigos, los cuales quedan encantados por el relleno y las papas a la crema. Esta nueva oportunidad de empleo la lleva a diferentes puntos de los Estados Unidos, principalmente New York, del cual se enamora perdidamente por su gran variedad cultural, y su infinidad de opciones gastronómicas. Es en New York que prueba por primera vez la comida hindú, la cual rápidamente se convierte en su favorita, la cual la hace cometer la locura de en cada viaje, regresar con comida hindú congelada. Conoce a una persona importante en esta ciudad, que la hace regresar mensualmente a la ciudad y la lleva por diferentes restaurantes de amplia gama gastronómica. Es seducida por el Lychee en un restaurante tailandés, maravillada con la comida vietnamita, y satisfecha con la pizza de $1 de la guagüita de la esquina en Hell’s Kitchen. Luego de varios viajes y mucho pensar, decide que finalmente va a hacer lo que le gusta, lo que siempre le ha gustado desde que tenía 7 años, a pesar de faltarle un semestre para completar su bachillerato en Antropología y un “minor” en  Estudios del Género y la Mujer, irse a estudiar artes culinarias. Apoyada completamente por su padre, y con el disgusto de su madre, se matricula en la Universidad del Este, para comenzar su carrera en Artes Culinarias. Es fanática de Top Chef, Survivor y Amazing Race, aunque no tiene televisor en su cuarto o servicio de internet para poder verlos en la computador. Sigue siendo apasionada por la lectura destacando a Gabriel García Márquez, Isabel Allende, Horacio Quiroga y Charles Bukowski como sus autores favoritos. A pesar de que le gusta el cine, ya no lo visita, pues el constante chachareo de  la gente la distrae y le molesta. Su nuevo pasatiempo es su sobrino, queriendo regalarle una cocinita para navidad, pero era rosita, y no quería crear caos familiar. Espera con ansías loca el momento en que el llegue a la estufa para poder comenzar a entrenarlo. A pesar de tener una sola olla, un sartén, una hornilla funcional y el horno, sigue reuniendo al nuevo Club Gastronómico de La Pandilla los domingos, ahora La Convención de Lesbianas Riopedrenses, en su casa, para disfrutar de rica comida y películas B.

viernes, 24 de julio de 2015

Mi hermano mayor

Mi hermano mayor, Ferdinand, me lleva 13 años. En casa le decimo Ferdin, pero cuando yo era un poco más pequeña, le decía Fechín, porque no podía pronunciar su nombre. Ferdin y yo, según mami, somos iguales, y por eso peleamos mucho. Ferdin y yo peleamos cada vez que el viene de visita, o yo voy a verlo, pero es mi hermano, y estoy obligada a amarlo aunque pensemos diferente. Cuando yo estaba en Kinder, ya Ferdin se iba a graduar de cuarto año. Así que mi grupo de jangueo eran sus amigos. Digamos que yo era la mascota del grupo. Ferdin siempre fue rockero, de corte semi-metálico y cocolo. Era algo bastante raro. Ferdin me enseño a imitar a Gene Simmons, pero también a Super Moncho. Lo mismo te cantaba una canción de Kiss, que una de Maelo. Ferdin tenía un Volky, del modelo Beetle, setentoso. Y cada cierto tiempo el pintaba el carro, porque le gustaba la hojalatería. Así que su Volky de momento podía se vino con flamas de fuego gris, y los meses podía estar gris completo. Ferdin tenía una banda, que tocaba los sábados en Lupis. Practicaban los viernes en la marquesina de casa. Todo el mundo me conocía por “la hermana del de la banda”. Se había dejado el pelo largo y se había hecho una pantalla. Tenía un parecidito a Adam Sandler en Wedding Singer. Ferdin era un lady killer, y siempre estaba enjevao’. Ferdin tuvo una novia que se llamaba Aracelis. Aracelis me caía bien, mayormente porque tenía unas boobs enormes, y me preguntaba que Ferdin hacía con todo eso. Asumo que disfrutando. Ferdin me pegó la manía de escuchar AM. Desde que se mudó a la casa de Valencia (que aclaro, TODOS mis primos vivieron en la casa de Valencia, menos Fernando y yo. El día que papi y mis tíos decidieron venderla yo sufrí un ataque de tristeza que nunca comuniqué. Yo siempre quise llegar a grande para poder mudarme a la casa de Valencia. Aún hoy día, después de tantos años, imagino como hubiese decorado la casa. Esa fue la casa de abuela Carmela, donde todos crecimos. Yo usé todos mis trucos para que no la vendieran, incluso sugerí que la rentaran como hospedaje porque está al ladito de la UPR, pero no. Se empeñaron en venderla. He pasado varias veces, y está totalmente descuidada. Me da una pena profunda. Las pocas veces que paso, me veo chiquita, corriendo por el frente de la casa, trepándome en la reja donde se supone que hubiese un aire acondicionado, o corriendo a casa de madrina, que vivía al lado) tuvo la manía de escuchar Radio Reloj. Por las noches, cuando mami me dejaba irme de sleepover a la casa de Valencia, escuchábamos Contacto 13, ahora Contacto Noti-uno, para dormir. Ferdin tuvo una Harley, y le hacía lo mismo que al Volky con la pintura. Mami no dejaba que él me montara en la Harley, así que aprovechábamos cuando ella tomaba siestas, para dar vueltitas a la manzana. Ferdin tuvo un Mirage, porque en ese momento no era un caco-car, pero no le duro ni 3 meses. Se lo roban y lo encontraron a la semana, por La Colectora, desmantelado. Ferdin era medio galán. Tuvo una novia de Ponce, que fue la novia más linda que le conocí. De vez en cuando él me llevaba de sleepover a Ponce. Siempre peleábamos porque él quería ir a El Triángulo a comer, y yo quería Burger King. Curioso, que casi 20 años después de eso, yo también tuve una novia de Ponce, y fuimos a comer a El Triángulo. Ella nunca lo supo, pero le dije de ir ahí porque tenía un lazo afectivo con ese lugar, y quería recordar. Ferdin fue el primero que verbalizó mi homosexualidad. Vio que le había pegado un sello de arco iris al control de mi televisor. Entró contrariado a mi cuarto, y me preguntó que si yo sabía que era eso. Yo me hice la pendeja, porque en ese momento era más fácil escapar de cierta realidades con un simple no. Me dijo que eso era cosa de patas, y que si no era pata y no quería que me asociaran como una, que botara el sello ese. Lo saqué, y lo puse en el mueble del televisor, debajo, donde nadie lo veía. Pero no lo boté. Ferdin me llevo a mi primer party de “viernes social” cuando estaba en cuarto año. Yo era bien sanana, y me dijo “que tú haces si te ofrecen un trago?” Yo le dije “pues decir que no!” Ferdin me dijo “nena no, les dices que sí. Pero solo te vas a dar uno”.  Y así fue. Me ofrecieron un fancy “Licor 43 con leche” a lo cual yo dije que sí. Creo que como yo dije que sí, mis amigas, igual de sananas que yo, dijeron sí. Esa noche muchos se dieron más de uno, y terminaron tirándose por la jalda de casa de Vanessa, y bañándose en la manguera. Ferdin me fue a buscar. Me quedaba de sleepover en la casa de Valencia. Ya en la casa, escuchando Noti-uno, me pregunto si me habían ofrecido un trago. Le dije que sí, y que había dicho que sí. Después me dijo que en los partys, podía darme un trago, quizás dos. Pero que no pasara de eso, porque después los nenes me iban a querer tocar, y él les iba tener que ir a dar, y eso era muy complicado por la edad, y que él no quería ir preso, y que no le dijera a mami que él me había dicho que bebiera. Después cuando salíamos, siempre me pedía un “Licor 43 con leche”. Ferdin me regaló mi primera copia de ¡00 años de Soledad, era su obra favorita, y yo tenía que leerla para la escuela. Después de leerla, se convirtió en mi obra literaria favorita también. Ferdin estudió muchas cosas, como yo, pero terminó estudiando Sicología, y una maestría en Trabajo Social.  De momento, Ferdin consiguió un trabajo, y se mudó para Alabama. Ferdin ya solo venía en verano y navidad, y siempre estaba con sus panas. Ferdin me dijo que si no me gustaba la universidad, que me quitara. Que hiciera un curso corto en algo que me gustara y ya. Que la universidad no era para todo el mundo. Años después, fue a mi primera graduación universitaria. Estuvo jodiendo todo el rato. Me explotó la batería del celular mandándome mensajes de que tenía hambre. Que quería ir al Hamburguer y darse una cerveza. Ferdin me regaló mi primer pote de azafrán. El pobre infarta cuando pagó 35 pesos por 2 gramos de azafrán. Ferdin me llevaba a Six Flags cuando iba a visitarlo, escondido de la mujer. Le decía que íbamos para Atlanta, al mercado internacional a comprar especias y cosas para mi universidad, pero realmente nos íbamos al parque. Compraba las taquillas con cupones de Coca Cola para que nos salieran baratas, y solo íbamos como a 6 montañas rusas, pero a las mejores. Nuestra favorita es la de madera, porque parece que se va a caer todo el tiempo, y nos recuerda a National Lampoon’s Vacation. La última vez me hizo push out mis boobs, para que el tipo nos dejara usar el fast pass line sin tenerlo porque ya tocaba virar a Alabama, y él quería montarse en la de Superman. Ferdin se casó (y se divorció), y me dio dos sobrinos hermosos. Cuando el mayor iba a nacer, estaba pasando por una ruptura amorosa, y le dije que si de casualidad era nena, no le pusiera ********* porque eso era nombre de cabrona. Me dijo que no me preocupara. Antes que naciera, le tenía celitos, algo muy idiota yo teniendo 27 años. La primera vez que lo cargue, le pedí perdón. Y le dije que siempre lo iba amar por sobre todas las cosas, incluso mami, papi o mujer alguna. Y que siempre iba a tener chicle y dulces. El pequeño es más conchú que el otro, y siempre tengo que acordarle que soy su única tía, y que está obligado por ley de vida a amarme sobre todas las cosas, después de papá, Elo y Ela (papi y mami, abuelo, abuela…you guys get it). Que cuando tenga 16 años y su papá lo bote de la casa, yo soy la que va a tener que bregar con el tostón, y que si no me ama, no lo ayudo. A él le da lo mismo toda esta explicación, igual no me da besos, ni abrazos, ni me dice que me quiere. En cambio, es loco con que me lo trepe a caballito y lo salude con el puñito. Ferdin es un don papá, y se desvive por sus muchachos. Ferdin me llevó de regalo de cumpleaño a la pista de Talladega. Me dijo que me montara en el carro, que me tenía una sorpresa. Después de dos horas en el carro, estaba histérica, y le dije que virara, que no sabía cuál era el puto regalo, pero estaba harta de estar en el carro, que tenía hambre y qué mejor de regalo me llevara a Waffle House. Me tuvo que decir a dónde íbamos. Ha sido de los mejores regalos sorpresa del mundo. Ferdin me lleva a desayunar a Waffle House cuando lo visito. Siempre pedimos un Ribeye medium con huevos fritos sunny side up. Él café y yo Coca Cola. Desayuno de campeones. Ferdin llegó antier, y ese día tuvimos una peleíta, quizás es porque nos parecemos. Yo lo amo, pero no porque estoy obligada. Quizás es que nos parecemos.  


Estos somos Ferdin y yo, en Talladega. Cuano yo tenía guille de Zsa Zsa Gabor, y el de Tiburón.